Rómpelos
Tan cansada de escucharte, tan perdida por la calle.
Derribada por mentiras que se acumulan cada día en tu mente. Mentiras aliñadas de destrozo y barnizadas de odio.
Enemigos que aparecen y reaparecen por todas partes. Enemigos escaparates. Enemigos espejos. Enemigos tallajes.
Te miras y sólo encuentras un resquicio de tu verdad. El resto, todo fantasmas que se apoderan de ti, formando un cóctel molotov.
Los fantasmas empiezan a emerger más fuerte. Comienzan a colapsar tu interior y acaban formándose dentro de ti, retirando toda tu esencia para engancharse y así transformar tu mundo en infierno.
— No levantarás cabeza si sigues así —Te dices en tus momentos más lúcidos.
—No lograrás ser tu misma creyéndote la imagen que ves en ese espejo —Te sueltas de vez en cuando.
Has aprendido durante tantos años que lo que ves en frente de ti es lo real, que has sido capaz de olvidarte e incapaz de creer en ti.
Luchas constantes por derribar, durante tanto tiempo, a esos fantasmas que se niegan a salir de tus adentros. Y un buen día, después de tanta garra y tanto machaque, y tanta lucha y esfuerzo, ves una pequeña luz. Intuyes algo que se ilumina en tu vida.
Ahora no huyas, quítale el cinturón a lo amargo, a lo desastroso y a los miedos, y aférrate a esa jodida luz. Desapégate de esos miedos. Tíralos, pero con fuerza, con rabia.
Y ahora mírate y date esa oportunidad. La oportunidad de quererte como nunca antes te habías llegado a querer. Conócete sin vergüenzas. Y confecciona tu vida desde los ojos de la verdad, desde el prisma de la felicidad y de la valentía.

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